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13 Nikola Tesla

Extraído de http://www.yorokobu.es/tesla-mis-inventos/


El gran genio de la electricidad nació una noche de tormenta. La medianoche del 10 de julio de 1856 estaba a punto de caer en un pueblo del Imperio Austrohúngaro llamado Smiljan y, con ella, también, un imponente aguacero. El cielo se llenó de rayos y truenos. Mientras, en una casa de las montañas, apareció entre las sábanas el bebé.
–Será un niño de la tormenta –dijo la matrona a Djuka Mandic.
–No. Será un niño de la luz –apostilló la madre.


Nikola Tesla, años después, se convirtió en el hombre que más ha hecho por que la electricidad alumbre las ciudades y mueva los vehículos de transporte. Fue el inventor de la corriente alterna y el que construyó la primera gran central hidroeléctrica del mundo, en las cataratas del Niágara, en 1895. Tesla fue el científico que habló de las posibilidades que ofrecía la transmisión inalámbrica de la electricidad y de la telegrafía sin hilos. El que, un siglo antes de la aparición de internet, intentó crear un método de transmisión que enviara texto, sonidos, imágenes estáticas y en movimiento, e incluso energía eléctrica a cualquier parte del mundo. El que hablaba de la creación de unas máquinas «autómatas» que podrían trabajar como los humanos y que revolucionarían las industrias.

El ingeniero que llegó a Estados Unidos en 1884 con unos céntimos y una carta de recomendación en el bolsillo dejó escrito cómo pensaba, imaginaba, investigaba y desarrollaba sus inventos. Lo fue contando en seis capítulos de la revista The Electrical Experimenter durante el año 1919. La serie se llamó Mis inventos y el editor de este mensual estadounidense, Hugo Gernsback, lo presentó así:

«¿Cómo inventa el mejor inventor del mundo? ¿Cómo da vida a un invento? ¿Qué clase de mentalidad tiene Nikola Tesla? (…) A estas y muchas otras preguntas interesantes responde con un incomparable estilo el propio Nikola Tesla. (…) Se lee como un cuento de hadas, pero tiene la ventaja de ser real. (…) Pero lean sus propias palabras. Jamás habrán leído nada semejante».

Tesla veía en los inventos el motor del desarrollo de la humanidad. Eran la expresión suprema de la creatividad, aunque, por los acontecimientos de su vida, creía que el inventor no siempre era reconocido ni compensado como debía. «El desarrollo progresivo del hombre depende vitalmente de la invención. Es el producto más importante de su mente creativa. Su propósito último es que la mente domine completamente el mundo material y que aproveche las fuerzas de la naturaleza para las necesidades humanas. Esta es la difícil tarea del inventor, que a menudo ni es comprendido ni recompensado. Pero él encuentra una amplia compensación en el agradable ejercicio de sus poderes y al saberse uno de esa clase excepcionalmente privilegiada, sin la que la raza hubiese perecido hace tiempo en la amarga batalla contra los elementos inclementes».

En estos artículos, el inventor se propuso hacer un repaso de las circunstancias y eventos que fueron decisivos en su carrera y, fiel a su tiempo, indicó en la presentación que estaban dirigidos, principalmente, «a nuestros jóvenes lectores de sexo masculino».

«Nuestros primeros esfuerzos son puramente instintivos, incitaciones de una imaginación vívida e indisciplinada. A medida que nos hacemos mayores, la razón se reafirma y nos volvemos cada vez más sistemáticos y astutos», escribió Tesla.«Pero esos primeros impulsos, aunque no resultan productivos de manera inmediata, son cuestiones de la mayor importancia y puede que den forma a nuestros destinos. De hecho, ahora siento que si yo mismo los hubiera entendido y cultivado, en vez de suprimirlos, habría añadido un valor sustancial a mi legado al mundo. Pero hasta que no alcancé la edad adulta, no me di cuenta de que era inventor».

El padre de Nikola era clérigo y para el niño habían previsto la misma profesión. A él nunca le interesó la religión. Incluso fue un tormento que le provocó muchos miedos en su infancia y, quizá, según decía, provocó un poso que acabó mutando en muchas de sus manías y supersticiones.

Él quería ser ingeniero. Le gustaba inventar. Era algo que había visto en su casa desde sus primeros recuerdos. Su madre «descendía de un linaje de inventores», contó en su artículo. «Era una inventora de primer orden. (…) Inventó y construyó todo tipo de herramientas y dispositivos, y tejió los diseños más finos con lana que hilaba ella misma. (…) Trabajaba infatigablemente desde el amanecer hasta entrada la noche, y mucha de la ropa y del mobiliario de la casa era producto de sus manos». Ella también lo había visto en su casa desde pequeña. «Tanto su padre como su abuelo habían creado muchas herramientas para uso doméstico y agrícola».


TESLA, CON 34 AÑOS.


LOS FOGONAZOS DE TESLA

Los haces de luz que iluminaron el cielo la noche de su nacimiento volvieron a aparecer en su infancia. Esta vez no lo harían como tormentas. Estaban solo dentro de su cabeza. «Durante mi niñez, sufrí una extraña afección debida a la aparición de imágenes, a menudo acompañadas de fuertes relámpagos de luz, que me nublaban la visión de los objetos reales e interferían con mi pensamiento y mis acciones», relató en Mis inventos.

«Eran imágenes de cosas y escenas que había visto en la realidad, nunca de las que yo imaginaba. Cuando me decían una palabra, la imagen del objeto que designaba se me aparecía vívidamente ante la vista y en ocasiones casi no era capaz de distinguir si lo que veía era tangible o no. Esto me producía una gran incomodidad y angustia. Ninguno de los estudiosos de piscología o fisiología a los que he consultado ha podido darme una explicación satisfactoria para esos fenómenos. (…) La teoría que he formulado es que esas imágenes eran el resultado de un acto reflejo del cerebro en la retina que se desencadenaba bajo una gran excitación. No era alucinaciones como las que se producen en mentes acongojadas y enfermas, pues en otros aspectos yo era normal y sereno».

Para explicarlo, dio este ejemplo: «Supongan que yo había presenciado un funeral o algún espectáculo angustioso. Luego, inevitablemente, en el silencio de la noche, una vívida imagen de la escena se clavaba antes mis ojos y persistía pese a todos mis esfuerzos por hacer que se desvaneciese. Algunas veces, incluso permanecía fija en el espacio, aunque yo intentara empujarla con la mano. (…) Para liberarme de estas apariciones que me atormentaban, intentaba concentrar mi mente en otra cosa que hubiera visto y, de ese modo, muchas veces lograba un alivio temporal».

En ese esfuerzo por crear escenas agradables que ahuyentaran las dolorosas, Tesla fue desarrollando una gran capacidad de pensar en imágenes. Esa fue una de las grandes proezas de su método de investigación en el futuro. «Esto lo hice de manera constante hasta que tuve unos 17 años, cuando mis pensamientos se dirigieron seriamente a la invención. Entonces, observé para mi deleite, que podía visualizar con la mayor facilidad. No necesitaba modelos, dibujos o experimentos. Podía dibujarlos todos en mi mente como eran en la realidad. Así fui conducido, de manera inconsciente, a desarrollar lo que considero un nuevo método de materializar conceptos inventivos e ideas radicalmente opuesto a la pura experimentación, y eso, en mi opinión, es mucho más expeditivo y eficiente».


IMAGEN DE TESLA CEDIDA POR LA EXPOSICIÓN 
‘NIKOLA TESLA: SUYO ES EL FUTURO’, DE FUNDACIÓN TELEFÓNICA


LA IMAGINACIÓN Y LA OBSERVACIÓN

Tesla ahorraba mucho tiempo y esfuerzo en sus investigaciones. Decía que hacía todas las pruebas en su mente. En su imaginación funcionaban igual que en el mundo físico.

«Mi método es diferente», escribió. «No me precipito al trabajo real. Cuando tengo una idea, empiezo erigiéndola en mi imaginación. Cambio la construcción, hago mejoras y manipulo el dispositivo en mi mente. Es absolutamente irrelevante para mí si pruebo mi turbina en pensamientos o en mi taller. Incluso noto si está desequilibrada. No hay ninguna diferencia, los resultados son los mismos. De este modo puedo desarrollar rápidamente y perfeccionar un concepto sin tocar nada. Cuando he ido tan lejos como para incorporar al invento cualquier mejora y veo que no hay ningún fallo por ninguna parte, le doy forma concreta a este producto final de mi cerebro. Invariablemente, mi dispositivo funciona tal como había concebido que debería hacerlo, y el experimento sale exactamente como lo había planeado. En 20 años no ha habido una sola excepción (…) La puesta en práctica de una idea rudimentaria tal y como se hace generalmente, sostengo, no es sino un gasto de energía, dinero y tiempo».

Tesla contó que esas ráfagas de luz que veía a menudo le despertaron una capacidad más: la observación. «Yo había notado que la aparición de las imágenes venía siempre precedida por una visión real de escenas bajo circunstancias peculiares y, por lo general, muy excepcionales, y yo me veía impelido en cada ocasión a localizar el impulso original. Después de un tiempo, este esfuerzo creció hasta volverse casi automático y adquirí una gran destreza en conectar causa y efecto. Enseguida me di cuenta de que, para mi sorpresa, cada pensamiento que concebía estaba sugerido por una impresión externa».


IMAGEN DE TESLA CEDIDA POR LA EXPOSICIÓN 
‘NIKOLA TESLA: SUYO ES EL FUTURO’, DE FUNDACIÓN TELEFÓNICA.


EL AUTOCONTROL

El ingeniero eléctrico narró que, de pequeño, le encantaba leer. «De todas las cosas, lo que más me gustaba eran los libros». Pero la biblioteca de su padre, un sacerdote erudito, era un lugar prohibido. «Me escondía las velas cuando se enteraba de que estaba leyendo en secreto. No quería que me estropeara los ojos. Pero yo conseguí cebo, hice una mecha y fundí palos de hojalata, y cada noche tapaba el ojo de la cerradura y las grietas, y leía a menudo hasta el amanecer».

Un día descubrió una novela titulada Abafi, del escritor húngaro Josika. «Esta obra despertó de algún modo mi fuerza de voluntad dormida y comencé a practicar el autocontrol», escribió en 1919. «Al principio, mis resoluciones se derretían como la nieve en abril, pero al poco vencí mi debilidad y sentí un placer que nunca había conocido antes, el de hacer lo que me dictaba la voluntad. En el transcurso del tiempo, este vigoroso ejercicio mental se convirtió en una segunda naturaleza. Al principio, tenía que dominar mis deseos, pero gradualmente deseo y voluntad llegaron a ser idénticos».

Este dominio de las pasiones se extendió incluso al matrimonio. Tesla no se casó y no hay ningún documento ni recuerdo escrito de que mantuviera ninguna relación sentimental ni sexual cuando era adulto. «He planeado dedicar toda mi vida a mi trabajo, y por esa razón me he negado a buscar el amor y la compañía de una buena mujer».


TESLA FRENTE A LA ESPIRAL DE LA BOBINA 
DE SU TRANSFORMADOR DE ALTO VOLTAJE.


LA INTROSPECCIÓN

«Desde la infancia me veía obligado a concentrar mi atención más allá de mí mismo. Esto me producía mucho sufrimiento, pero, tal y como lo veo ahora, fue una bendición disfrazada, porque me enseñó a apreciar el valor inestimable de la introspección a la hora de preservar la vida y como modo de progresar», relató en sus memorias.

En esta introspección incluía el cuidado de la salud. Tesla siempre intentó mantenerse «joven de cuerpo y mente». Temía a los gérmenes y, por eso, siempre utilizaba guantes. Un apretón de manos para saludar a otra persona podía ser el trampolín de las bacterias.

Desterró de su vida el tabaco, el café, el alcohol y, también, los chicles. «Es un hecho contrastado que el café, el té, el tabaco, la goma de mascar y otros estimulantes, que están libremente permitidos incluso a la edad más tierna, son mucho más perjudiciales para el cuerpo de la nación, a juzgar por el número de los que sucumben por ellos».

Freud, en la misma época, solía envolverse en una nube de tabaco en su despacho. Mientras escribía, encadenaba un cigarro con otro. El día que le dijeron que tenía que dejarlo por una grave enfermedad pensó que no podría escribir nunca más. Tesla, en cambio, renunció a aspirar humo. Pensaba que mataba la inteligencia: «el tabaco conduce a pensamientos fáciles y agradables, y es nocivo para la concentración y la intensidad necesarias en todo esfuerzo vigoroso y original del intelecto».


TESLA, EN SU LABORATORIO, CON EL TRANSMISOR QUE GENERABA MILLONES DE VOLTIOS. 
LA IMAGEN FUE PUBLICADA EN ‘CENTURY MAGAZINE’.


TRABAJO EN SOLITARIO

La oficina de Tesla estaba impoluta. Amaba el orden y la limpieza. El editor de la revista The Electrical Experimenter escribió en un artículo titulado Nikola Tesla, el hombre que en el despacho del ingeniero no se veía una mota de polvo. «No hay papeles en el escritorio, todo está bien. Refleja al propio hombre: inmaculado en el atuendo, ordenado y preciso en cada uno de sus movimientos».

A Tesla no le gustaba trabajar en equipo. El periodista e investigador Miguel A. Delgado recoge en su libro Yo y la energía un pasaje de John O’Neill, el autor deProdigal Genius: The Life of Nikola Tesla, donde dice: «La incapacidad para trabajar con otros, la incapacidad para compartir sus planes, fue el mayor hándicap que sufrió Tesla. Le aisló completamente del resto de la estructura intelectual de su tiempo, y causó al mundo al pérdida de una vasta cantidad de pensamiento creativo que fue incapaz de convertir en inventos terminados. Es deber de un maestro entrenar a discípulos que continúen su trabajo, pero Tesla rechazó esa posibilidad».

Para Miguel A. Delgado, Nikola Tesla representa el fin de una época en la ciencia. «Fue uno de los últimos científicos que se pudo permitir trabajar en soledad», indica en una entrevista con Yorokobu. «Ahora se requieren grandes equipos. Es más difícil trabajar por tu cuenta. Además, hoy la ciencia es impersonal. No sabemos los nombres de los científicos. En la época de Tesla sí se conocían. Tesla fue uno de los últimos en encarnar esa figura romántica del hombre encerrado en el laboratorio, investigando solo, con pocos recursos».

Frente a ese impulso individualista, Tesla no descuidó la importancia de crear a su alrededor una exquisita red de talento. El escritor Mark Twain, el héroe estadounidense de la guerra de Cuba Richmond Pearson Hobson, el arquitecto Stanford White o Anne, la hija de J.P. Morgan de fueron algunos de sus amigos.

«Tesla tenía una gran capacidad para conectar con personas que no pertenecían al mundo científico. A veces se levanta una barrera estúpida entre la ciencia y las humanidades. Tesla nunca lo hizo», explica Miguel A. Delgado.

El ingeniero dejó escrito en detalle cómo investigaba y cómo fue creando cada uno de sus inventos. De todo ello, lo que más fascina a Delgado es que, «Tesla habla de un modo que lo pueda entender cualquier creador. El modo en que describe su forma de crear es muy similar a los métodos que utiliza cualquier científico de cualquier disciplina».

El periodista asegura que «Tesla ha inspirado a creadores de todos los ámbitos. La invención y la creación son dos caras de la misma capacidad del ser humano». Pero al leer al genio de la luz que nació entre rayos y centellas la invención es también una forma de revelación, según Delgado. Y «esto lo hace aún más fascinante».





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